Mensaje de Adviento de parte de la Obispa Elaine Stanovsky

“Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
Con que nos visitó desde lo alto la aurora,
Para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte;
Para encaminar nuestros pies por camino de paz”.

La Gracia de Dios este contigo esta mañana, estamos en la temporada de fiestas, la temporada de fiestas santas. Y realmente no he conversado últimamente mucho con ustedes, mi gente del Área del Gran Noroeste de la Iglesia Metodista Unida. Una y otra vez, he pensado que quiero dar un buen mensaje, compartir buenas noticias con las personas con las que sirvo. Y, sin embargo, las palabras no han llegado.

Entonces, quiero comenzar esta mañana simplemente agradeciendo nuevamente. Espero que me hayas escuchado decir gracias antes. Esta ha sido una temporada incómoda, difícil, agotadora y ustedes se han mantenido vivos y sanos, la mayoría de ustedes. Y lamentamos aquellos que no han superado esta pandemia por razones de COVID u otras circunstancias de la vida y de salud que les han quitado la vida.

Pero aquellos de ustedes que están escuchando este mensaje, que están escuchando este mensaje hoy, están vivos, están sirviendo, se preocupan y están luchando. Gracias! Dios obra a través de nosotros. Aunque nos sintamos preparados para la tarea o no. La gente encuentra bendición en nosotros. Y así, nos levantamos cada mañana, saludamos al sol, y seguimos adelante de la mejor manera que podamos, contagiando amor, esperanza y ternura a las personas que nos encontramos. Así que gracias!. Gracias, que Dios los bendiga y los guarde.

Sin embargo, es una época extraña y desorientadora, ¿no? ¿No te parece así? Ciertamente lo es. Hay tantos asuntos urgentes a los que prestar atención, a los que abrir nuestro corazón, aprender sobre ellos, responder con compasión y comprensión. Cada vez que pienso en traerte una buena palabra, me encuentro atrapada.

¿Les hablaré sobre el clima, las inundaciones, los incendios forestales y la necesidad de alejarnos de los combustibles fósiles y encontrar nuevas fuentes de energía sostenibles?

¿Les hablare del COVID, de las muertes, los peligros, las pruebas, de no poder reunirnos y cantar juntos?

¿Les hablare del 6 de enero y de las divisiones que parecen separarnos como pueblo, como nación y amenazar los cimientos mismos de una sociedad civilizada?

¿Les hablare sobre el racismo y los juicios de Rittenhouse y las personas que mataron a Ahmaud Arbery y Charlottesville y el peligro de perder el derecho al voto?

Cada vez que pienso en qué hablarles, creo que, si hablo una palabra, esas otras palabras no se dicen, y lo llevamos todo, todo al mismo tiempo. Y, sin embargo, no podemos hablar de todo al mismo tiempo. Y así, me he encontrado en una temporada de silencio. No porque no tengo un sentimiento profundo, no porque no esté en sintonía con lo que estás luchando, con lo que el mundo está luchando. Pero me encuentro incapaz de hablar porque es tan amplio y profundo y hay que tanto de que hablar, que es difícil saber por dónde empezar.

Busque en las Escrituras, en la oración, profundamente en las últimas dos semanas para prepararme para este mensaje y lo que encontré fueron dos grandes historias en el Evangelio de Lucas de personas que se sentían atraídas a la quietud.

El primero es de Lucas 1 y es el cántico de Zacarías. Recuerda que Zacarías está casado con Isabel y ella queda embarazada del bebé que se convertirá en Juan el Bautista. Y Zacarías recibe este anuncio y está desconcertado y no confía del todo en él. Zacarías e Isabel son mayores y no están seguros de poder tener hijos. Y entonces, cuestiona al ángel que le trae esta noticia. Y el ángel lo calla, le quita la voz por dudar de la palabra de Dios.

Y Zacarías espera en silencio, hasta que Isabel da a luz y nace el bebé. Lo van a llamar Zacarías en honor a su padre, y María dice: “No, su nombre es Juan”. Y  la gente se vuelva hacia Zacarías y les dicen: “¿Qué dices acerca de esto? ¿Qué piensas? ¿No debería el bebé llevar tu nombre?” Y Zacarías recupera su voz, su voz regresa. Y él responde, no dice que quiero nombrarlo, Juan. No dice que lo llamo Juan. Dice: “Su nombre es Juan” como si viniera del más allá. Este es un momento poderoso en las escrituras.

Y luego también me atrae María. Y todo lo que ella meditaba en su corazón mientras el mundo giraba a su alrededor, ella había dado a luz a este nuevo bebé entre, pastores, ángeles, el cielo se abrió, los profetas estaban hablando, y ella habla una palabra. Pero luego reflexiona sobre todo en su corazón.

Los escritores de la Biblia saben por lo que estamos pasando: el miedo, la desorientación, el peligro, el desplazamiento, la exclusión, la traición, las plagas. Lo saben todo, está todo en la historia. No es una historia feliz de Nochebuena con bebés, animales en un corral. También es una historia de profundo desplazamiento, indiferencia, huida. Y, sin embargo, es una historia que nos invita a esperar, a encontrar nuestro propio silencio, a anticiparnos, no a esperar pasivamente, sino a anticiparnos, a estar atentos, a prepararnos y a vivir con esperanza.

Porque el núcleo de las Escrituras es el mensaje de que lo que sucede a nuestro alrededor, lo que vemos con nuestros ojos, lo que escuchamos con nuestros oídos, lo que experimentamos en las complejas e impredecibles vidas sociales que llevamos no lo es todo, es lo que esta debajo de eso, el lugar donde hay un espíritu. Hay un lugar donde viven nuestras almas, hay un lugar donde Dios que observa y atiende toda la complejidad de nuestras vidas, nos atiende, planea un buen futuro y nos invita a asociarnos en la creación de ese futuro.

Aquí estamos. Estamos invitados a esta temporada de Adviento que está a punto de llegar. Adviento significa venir. Se trata de la venida de Dios al mundo, sí, en el niño Jesús. Pero Dios viene todos los años cuando celebramos el Adviento, todos los días, cuando nos despertamos al amanecer, para guiarnos por nuevos caminos, para enseñarnos cosas nuevas, para invitarnos a participar en nuestras propias vidas en el mundo con los ojos abiertos, y nueva conciencia.

Quiero leerles el Salmo 46 esta mañana. Puedes escuchar esto como un optimismo limitado, una ilusión superficial, o puedes escucharlo como una invitación a buscar dónde está viva y naciendo en el mundo la bondad y la esperanza que Dios promete.

Dios es nuestro amparo y fortaleza,
Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.
Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida,
Y se traspasen los montes al corazón del mar;
Aunque bramen y borboteen sus aguas,
Y tiemblen los montes a causa de su ímpetu.
Selah

 Hay un río cuyas corrientes alegran la ciudad de Dios,
El santuario de las moradas del Altísimo.
Dios está en medio de ella; no será conmovida.
Dios la ayudará al clarear la mañana.
Braman las naciones, se tambalean los reinos;
Lanza él su voz, y se derrite la tierra.
Jehová de los ejércitos está con nosotros;
Nuestro refugio es el Dios de Jacob.
Selah

 Venid, ved las obras de Jehová,
Que ha puesto asolamiento en la tierra.
Que hace cesar las guerras hasta los confines de la tierra.
Que quiebra el arco, rompe las lanzas
Y quema los carros en el fuego.
Estad quietos, y conoced que yo soy Dios;
Seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra.
Jehová de los ejércitos está con nosotros;
Nuestro refugio es el Dios de Jacob.

Y así, en la temporada de adviento, esperamos, anticipamos, nos preparamos. Esperamos que lo que nos dicen las Escrituras sea la verdad que a veces no podemos ver.

Estate quieto. Quédate quieto con Zacarías. Quédate quieto con María. Quédate quieto con Job. Quédate quieto con Jesús en el huerto.

No se deje consumir por lo que ve en la televisión o en las redes sociales. Busque ayuda en medio de los problemas. Fíjense en dónde se alegra nuestro mundo, nuestra ciudad, nuestros vecindarios.

Únete conmigo en esta oración de respiración. Ven, Jesús, nace en nosotros hoy. Ven, Jesús, nace en nosotros hoy. Ven, Jesús, nace en nosotros hoy. Y fíjate si puedes levantarte alrededor de las siete de la mañana o un poco más temprano y mirar hacia afuera, encontrar un lugar que mire hacia el este y ver si puedes ver salir el sol.

“Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
Con que nos visitó desde lo alto la aurora,
Para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte;
Para encaminar nuestros pies por camino de paz”.

Que sea así para usted, para su congregación, para su vecindario y para el asombroso mundo de Dios.

Amén.

Bishop Elaine JW Stanovsky


Translated and Adapted by: Rev. Cruz Edwin Santos
Director of Hispanic/Latinx Ministry
December 6, 2021

Leave a Reply

© Copyright 2019, Greater Northwest Episcopal Area. All Rights Reserved.
%d bloggers like this: